03.05.08

DE CÓMO EVITAR UN TRASVASE PERMANENTE

Autor: Joan Herrera, diputat d'ICV al Congrés

Publicat a: El Mundo
Hay quien aprovecha la peor sequía que ha vivido Barcelona desde que hay registros para, nunca mejor dicho, llevar el agua a su molino. Entienden que es esta la oportunidad para dar rienda suelta a ese discurso y a esa política que permita aportaciones hídricas ilimitadas, para permitir un crecimiento infinito. En el mismo contexto, hay quienes pensamos que lo que hay que hacer es una política del agua basada en el ahorro, en la gestión de la demanda, garantizando el suministro, pero entendiendo que el modelo de crecimiento se debe adaptar al bien escaso que es el agua.

"Nueva Cultura del Agua" es la apuesta para que sea el área metropolitana de Barcelona la zona del estado Español y quizás de Europa donde menos consumo hay por habitante y día (menos de 110 litros). A estos datos, fruto del compromiso ciudadano y de una política tarifaria que permite dicha realidad, se le suma un fuerte compromiso inversor. La Generalitat lleva invertidos más de 253 millones de euros. Se está invirtiendo lo que nunca se había invertido en renovación de cañerías, y se están recuperando pozos y acuíferos que estaban en desuso. Sin esa política, hoy en toda el área de Barcelona ya se producirían cortes en el suministro.

Pese a todo ello, la magnitud de la sequía no permite, ni con todas las medidas extraordinarias, que se pueda llegar sin cortes en el suministro a mayo de 2009. Un mes de mayo en el que se pondrá en marcha la desaladora que aportará los 60 hm3 al año que garantizarán el suministro de boca.

Esa aportación tiene que ser puntual, temporal y excepcional. Una vez la desaladora se ponga en marcha o llueva de forma notable esa aportación no será necesaria. Una aportación que es imprescindible para el normal funcionamiento de un área de más de 5 millones de personas, pero que es fundamental para que la sequía no acabe siendo la excusa para aquellos que como CiU, quieren aprovechar la ocasión para que se cuelen en el debate sobre el agua los intereses poderosísimos de determinados lobbies. El corte de suministro en el conjunto de Catalunya, que nadie se equivoque, supondría abrir la puerta a esa lógica del trasvase ilimitado, permanente y para siempre, apostando por una política del agua que poco tiene que ver con un país como el nuestro.

Por eso necesitábamos esa aportación extra. En Catalunya se está haciendo política de planificación impecable, según Pedro Arrojo, una política de agua, basada en el ahorro de fugas, regeneración, reutilización y desalación. Una política en la que el trasvase no juega un papel, en la que el trasvase no lo solventa todo.

Finalmente la solución adoptada goza de unos requisitos, que en el peor de los escenarios de sequía, permite evitar cortes en el suministro sin cambiar la política de agua que se está realizando. Una solución temporal y excepcional, o dicho de otra manera: cuando llueva, o cuando la desaladora se ponga en marcha la infraestructura se convertirá en innecesaria.

A estos requisitos habrá que sumarle otro. Que la aportación hídrica no detraiga agua del río, en este caso del Ebro, y que eso se garantice mediante la compra de derechos de agua o mediante el ahorro, garantizando esos 30 hectómetros río arriba y no en el delta. Aún a sabiendas que el agua se podría extraer de los sobrantes de la concesión al CAT (Consorci Aigues de Tarragona).

Más allá de esta respuesta inmediata, deberemos sacar de todo lo acontecido algunas lecciones. En primer lugar, se tiene que abrir una reflexión profunda sobre la multiplicación de las hectáreas de regadíos. Para que todo ello sea realidad hay que reconocer como un mal signo una unificación de dos Ministerios, el de Agricultura y el de Medio Ambiente, supeditando, en lo que se ha podido ver hasta el momento, a la política agraria.

En segundo lugar, deberíamos dar el visto bueno de una vez por todas una ley de aguas que aprobase el marco desde el que poder vender derechos y regular lo que tiene que ser regular la política de agua. En tercer lugar, en los próximos años, que por el efecto del cambio climático pueden ser mucho más secos, deberíamos hacer una revisión de lo que tiene que ser el caudal ecológico a garantizar, especialmente en las cuencas internas de Catalunya. No podemos continuar calculando aportaciones hídricas intercuencas (el caso del Ter a la cuenca del Llobregat, cuando dichas aportaciones se basan en un volumen hídrico que el río ya no lleva).

Por último, debemos poder acompañar las decisiones con mayor consenso con los diferentes actores económicos, sociales, y con el mismo territorio. Y para que ello sea posible la "Taula de la Sequera" puede ser una oportunidad para construir los procesos de una manera diferente. Es evidente que los fallos en la política comunicativa que se han producido, se hubiesen corregido o paliado con un proceso más dialogado.